(Continuación)
A: Bisabuelo, ¿por qué están empujando a un golfista en un carrito de la compra?
M: Oh, lo siento. Es de mi otro sueño. ¡Venga, Fred, lárgate!
A: Tengo una teoría sobre lo que ocurrió. He oído decir que a los de tu generación os encantaba pasar todo el día tumbados al sol, haciendo el vago. Creo que por eso agotasteis todo el petróleo barato, para calentar la Tierra, eliminar el invierno y estar siempre bien morenos y guapos.
M: No, de hecho el sol nos daba mucho miedo. La mayoría trabajábamos en edificios con las ventanas cerradas herméticamente y con máquinas que filtraban y depuraban el aire y el agua. Cuando nos aventurábamos a salir al exterior nos embadurnábamos de protector solar y nos poníamos gafas de sol y sombreros para protegernos la cabeza. Pero aunque odiábamos el sol, todavía odiábamos más el frío. Todo el mundo se trasladaba a los estados cálidos, donde casi nunca nevaba, y se pasaban todo el día en casas y oficinas con aire acondicionado y se desplazaban en automóviles con aire acondicionado. Por supuesto, eso suponía un gasto de mayor gasolina, lo que calentaba aún más el planeta, por lo que la gente ponía un poco más fuerte el aire acondicionado.
A: ¿Por qué inventaron las bombas nucleares para matar a todo el mundo a la vez si ya tenían bombas de petróleo? Cuando transformaron las bombas nucleares en centrales eléctricas, ¿no sabían que una podría estallar y destruirlo todo?
M: Hace cien años nos dijeron que la fisión nuclear produciría electricidad “tan barata que saldría casi gratis”. No fue así. El segundo presidente Bush… ¿o fue el tercero? Bueno, desde luego no fue el cuarto presidente Bush… El caso es que uno de los malditos Bush aumentó la producción de las centrales nucleares, pero después de que un obrero contrariado llenase su camioneta de fertilizantes y detergente y la estampase contra el lugar en el que trabajaba, con lo cual arrasó un pueblo cercano, se suspendió el programa de inmediato.
A: Papá dice que en tu época había más de seis mil millones de personas en todo el mundo. A veces me asusto e intento no pensar en toda la gente que murió de hambre o por enfermedad. En la escuela he oído decir que ahora hay unos quinientos millones de personas en el mundo. Me parece mucho. Pero a veces me preocupa que tal vez sigan produciéndose muertes en cadena. ¿Tú qué crees?
M: No te preocupes. Las muertes en cadena se han acabado. Ahora estás a salvo. Sigue desenterrando todo ese plástico y no te pasará nada.
A: Bisabuelo, ¿cómo sobreviviste?
M: Tu bisabuela y yo estábamos en el extranjero de viaje cuando comenzaron las muertes en cadena. Sobrevivimos porque, en alguna parte de la Gran Región del Petróleo, encontramos una cueva con mucha comida, teléfonos móviles y un buzón de FEDEX. Nunca habría creído posible que alguien pudiera sobrevivir tanto tiempo en una cueva sin que le descubriesen. Pero nosotros lo conseguimos, al igual que quienquiera que hubiera usado la cueva antes. Lo más extraño de todo era que allí dentro había un dializador. Me decía una y otra vez “no, no es posible”…
A: Papá dice que confiaba en que la bisabuela y tú volvieseis a casa para estar todos juntos y calientitos. Aunque estoy enfadada con vosotros por haber gastado todo el petróleo sin siquiera habernos guardado una garrafa, lo mejor sería que toda la familia estuviese aquí cuando nos acurrucamos debajo del edredón familiar las noches en que la temperatura baja de los cero grados y los vecinos no pueden venir. Una vez hacía tanto frío que tuvimos que dormir con un par de animales y, aunque estábamos más calientitos, apestaba tanto que no pegué ojo. Mamá me dijo que a veces calentabais incluso el exterior para disfrutar del aire libre en magas de camisa, tomando copas. ¿Os quedaréis con nosotros la bisabuela y tú?
M: Claro que sí, me encantaría, pero me temo que a nuestra edad también apestamos bastante.
A: Mamá me contó que una vez fuiste famoso durante unos minutos por gritar algo durante una de las guerras del Petróleo. Ahora lo único que me queda es una vieja fotografía tuya con la boca abierta y señalando algo. ¡Con dos dedos extendidos! ¿Por qué estabas enfadado? ¿Por el petróleo?
M: Esto…, bueno, la bisabuela no me dejará hablar de eso mientras viva. Esa noche se puso elegante, estaba guapísima y… ¡Venga, devuélveme la foto, pequeña! ¡Comienzo a oír abucheos en mi interior!
A: Claro, toma. ¡Gracias, bisabuelo! ¿Quieres decir algo para terminar? La vela está a punto de apagarse.
M: Sí, cuando recuerdo esa época, me doy cuenta de que los diez años transcurridos entre 2005 y 2015 representaron el momento más crítico para nuestra especie. La mayoría de nosotros intentó advertir a los demás del peligro de quedarnos sin petróleo, pero casi nadie hacía caso. Había gente buena, gente que se preocupaba por los demás, por nuestros hijos y el planeta. Luchamos, pero no lo suficiente. Las fuerzas de la codicia y el egoísmo pudieron con nosotros. Parecían empeñados en conducirnos a la extinción y estuvieron a punto de lograrlo. Lo siento. Lo sentimos. Quizá vosotros podáis hacer mejor las cosas.
Fue justo entonces, cuando comenzaba a soltarle un sermón sensiblero, cuando me desperté del sueño bañado en un sudor frío, murmurando algo sobre una factura atrasada de una tintorería de Toledo. Me incorporé en la cama y entonces comprendí que se trataba de un sueño, que nunca sucedería algo tan ridículo, así que me recosté de nuevo, me arrebujé debajo de la manta eléctrica y soñé plácidamente con helado sin lactosa…
Texto extraído del libro ¿Qué le hicieron a mi país, man?, de Michael Moore, Ediciones B, Barcelona 2004
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SOBRE EL AUTOR
Michael Moore es originario de Davison, Michigan. Nació en 1954 y es conocido por su postura progresista –se dice que subversiva– y su visión crítica de la globalización, las corporaciones, la violencia armada, la guerra en Irak y, por supuesto, las políticas de George W. Bush.
Como cineasta ha realizado Roger & Me, Bowling for Columbine (por el que recibió un Oscar en el 2003, en categoría de mejor documental), Fahrenheit 9/11 y Sicko.
Ha escrito ¡Todos a la Calle!, Adventures in a TV Nation, Estúpidos hombres blancos, ¿Qué le hicieron a mi país, man?, Cartas desde el frente, Guía oficial de Fahrenheit 9/11 y, el más reciente, Tocando los co…lores a los americanos.