Uribe
La imprudencia del presidente colombiano Álvaro Uribe es digna de la de sus adversarios en la región. No extraña que hayan estado a punto de incendiar sus fronteras.
Uribe ha venido, según su propia expresión, a dar la cara a los mexicanos, lo que hay que reconocerle, pero la cara que ofreció tenía una mueca.
Pareció justificar la muerte de los mexicanos que estaban en el campamento de las FARC como una consecuencia de que fueran guerrilleros, terroristas y narcotraficantes, igual que las FARC.
Dijo, además, no arrepentirse de su ataque con lo que sugirió que no se arrepiente tampoco de que en el ataque hayan muerto esos mexicanos.
Lo menos que puede decirse es que Uribe se ha equivocado en la valoración de la sensibilidad mexicana. Si venía a ganar la voluntad de los mexicanos dándoles la cara, ha perdido la batalla.
El presidente Calderón fue el primero en marcarle el fallo, diciéndole en público que no debe prejuzgar ni calificar a nadie antes de que se concluya la investigación.
El gobierno de México, por su parte, se ha equivocado en esto desde el principio al no asumir la defensa de sus ciudadanos muertos en Ecuador, ni haber exigido una completa aclaración de los hechos: al gobierno colombiano por su ataque y al gobierno ecuatoriano por su hospitalidad envenenada.
En el mismo espíritu de esclarecer lo sucedido, debió iniciar su propia investigación en suelo mexicano sobre las vinculaciones con las FARC de los estudiantes muertos.
A juzgar por los dichos del presidente Calderón, la investigación de todas esas cosas está en curso y en algún momento se dará a conocer.
Hay derecho histórico a pensar que no será así, pues una especialidad de nuestra vida pública es desestimar los hechos duros y poner el acento en los dichos de actores interesados.
Muchas cosas del ataque al campamento de las FARC están por aclararse. La que nos incumbe directamente, también:
¿Qué hacían los estudiantes mexicanos en el campamento de las FARC? ¿Cómo llegaron ahí? ¿Eran parte de la organización guerrillera? ¿Iban a serlo?
¿O sólo estaban, como dicen, haciendo investigación y turismo de riesgo, viendo de cerca la última guerrilla viva del continente?
Hay algo importante que investigar aquí sobre las iras y los sueños de nuestras juventudes radicales, esas que pasan de pronto de las aulas universitarias al campamento de las FARC, donde las cosen a balazos.
Hay algo que investigar y prevenir en esto, digo, antes de que aparezcan los muertos, que ya no tienen remedio.
Fuente: Milenio






