El Dios inevitable
Estos días han sido de mucho ajetreo físico, mental y, especialmente, emocional. Hemos desantendido este espacio por causas ajenas y de fuerza mayor. Esperamos estar de vuelta muy pronto. Mientras tanto, compartimos con ustedes una reflexión de Oscar Orellana, un talentosísimo y peculiar escritor chileno. No dejen de darse una vuelta por su blog. Es un paseo por la reflexión punzante…
Por su comprensión, muchas gracias.
Chuck, Reggie, Chris y Gaby
Por Oscar Orellana Sanhueza - Exhibición Perturbada
Es cierto. Dios me miente. Por las noches viene a mí diciendo: “Hombre, solo tú eres soberano de cada reino, bajo tu signo se levantan todos los imperios, ¿pero para qué derribar cada muro, si solo es para construir nuevas sepulturas? “.
Dios me seduce, al oído me susurra: “No tengas miedo, porque en tus manos descansa la vida y la muerte, la razón y la brutalidad, por lo tanto, eres absoluto y todopoderoso”. Y yo le creo.
¡Pero no, no puedo creer en ti! Porque tú no eres, tú no existes. Lo que pasa es que de vez en cuando me fallan las fuerzas, me atrapa el miedo, y el silencio se atora en mi garganta. Es ahí, cuando parece que el final se acerca que grito con más fuerza tu nombre pero no contestas. Lógico. Porque tú no existes. Entonces mi cuerpo ya no descansa y sigo gritando, pidiéndote me des la fe, la voluntad de lograr pasar toda una noche sin creer en ti.
Y si no existes, ¿por qué te pienso? ¿Y si no eres, por qué repito que te amo? ¿Qué me lleva a suplicar a un Dios que no me puede salvar? Un Dios que cuando lo invoco no responde.
Mis enemigos se burlan de mí, son como animales subiéndose a mi cama cuando no puedo defenderme. Preguntan por ti y no sé qué decirles. Por eso te pido una vez más que aparezcas, que les demuestres que no es verdad lo que ellos dicen: que tú no eres sublimación mía. Dios, tócalos a ellos como a mí me tocas. Explícales que tu ternura existe desde siempre, que en el principio cuando no había ni axiomas ni leyes sino puro abismo y oscuridad se cernía ya tu aliento sobre las aguas. Explícales que el alma vive inquieta hasta que descansa en ti y explícales también que tú no explicas nada, que el dolor, la miseria y el terror, no tienen explicación posible, que incluso tú, a veces, no sabes sino postrarte, besar la tierra, callar.
Por todo esto Dios, Tú que de verdad no eres y no existes, aunque necesitemos que seas y que existas, házte imagen ahora, déjate ver. Tú que no existes, ten piedad, empieza a ser. Revélate ante nosotros, en un abrazo que nos violente, nos llene de deseo y belleza. Y que en esa unión seamos como una sola gran cabeza que se colma a sí misma.
Pero ven antes de que todo termine, justo antes de que la última esperanza desaparezca. Ven, aunque creemos hoy que no creemos.
Ilustración de Kassidi Keys







Mayo 7, 2008 en 8:52 am
un gran Gracias, Inevitable…
(De continuar así, me van a dejar con “Mal-de-Elogio)