Edgar Millán Gómez… la memoria viva
Por A. Gabriela G. Buenrostro
EDGAR… NIÑO Y HOMBRE DE HONOR
Los amigos que hacemos en la infancia permanecen. Son inolvidables. Tal vez porque son los primeros o porque con ellos despertamos a la vida o, quizá, porque de su mano construimos o dibujamos los bosquejos del mundo que deseamos.
Nací en la colonia Guerrero, igual que Edgar. Fuimos a la misma escuela primaria, el Colegio Los Angeles y, no sólo eso, también fuimos compañeros de salón y amigos.
Contigo, querido Edgar, vienen los rostros y las risas de aquellos que formamos una suerte de pandilla: Marco, Ricardo, Alfonso, Hervey, René, Eduardo, Judith, Paco, Diana, Dulce, Edith, Conchita, Marianto…
Te recuerdo fuerte, lleno de vitalidad y de energía, con tu cuerpo de niño vigoroso. Nos gustaba emplear los recreos para retar a los del grupo B y cuántos maravillosos partidos de basquet y de voley jugamos. Terminabas hecho una sopa, con tu cara encendida y brillando en tu cabello gotitas de sudor mezcladas con el gel.
Leo, escucho y veo la noticia de tu asesinato. Una muerte nada digna para un hombre que, por el simple hecho de ser honesto, con principios claros, con valores humanos incorruptibles, por hacer tu trabajo, te convierten en un héroe.
Tú estás tan vivo en la memoria, con tu sonrisa franca, con tu inquietud, con tus ganas de conquistar la vida. A lo mejor en esos tiempos soñabas con ser lo que cualquier niño sueña: bombero, piloto, arquitecto y policía.
Qué lejos y qué alto llegaste, querido Edgar. Licenciado en Derecho y de ahí un fructífero camino en la lucha contra el crimen organizado que tanto daño ha causado. Moriste como un valiente y debes estar tranquilo porque cumpliste con tu deber hasta el último día.
Gracias, amigo inolvidable. Con tu vida nos defendiste. Gracias porque nunca sucumbiste en darle guerra sin tregua al hampa. Gracias por tu honestidad, tu ejemplo, tu trayectoria limpia, tu carisma. Gracias, querido Edgar, por la memoria viva. Ahí seguiremos jugando a ser niños y seguiremos soñando y creyendo que la vida y la gente pueden ser mejores de lo que ahora son.
La Secretaría de Seguridad Pública federal, expresa su más sentido pésame y solidaridad con la familia, y reconoce el desempeño de su labor en el combate a la inseguridad y a la delincuencia.
Esta madrugada, México ha perdido a uno de sus más valiosos hombres, un profesional de la seguridad al servicio de la nación.
Edgar Eusebio Millán Gómez, originario del Distrito Federal, era egresado de la carrera de derecho por la Universidad del Valle de México. Contaba con una especialización como observador policial para misiones de paz por la Organización de las Naciones Unidas.
Estaba capacitado en materia de Seguridad Pública por las mejores agencias de seguridad a nivel internacional.
Inició su carrera profesional en el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN), como agente investigador.
En 2001 se integró a la Agencia Federal de Investigación como Director de Secuestros en la Dirección General de Investigación Policial.En 2006 fue designado Director General de Despliegue Regional Policial de la AFI, donde permaneció hasta el año 2007.
Destacan en su carrera policial su participación en la detención del peligroso secuestrador Andrés Caletri, así como en la desarticulación de bandas de plagiarios como la de “Los Montante” y “Los Colmenos”.
Como parte de su destacada labor en el combate al secuestro, participó también en la liberación de Rubén Omar Romano, en ese entonces entrenador del Cruz Azul.
Hasta el día de hoy, Edgar Millán, se desempeñó como Coordinador General de Seguridad Regional de la Policía Federal y realizaba una labor importante en los Operativos Conjuntos contra la delincuencia que se realizan en el país.
El compromiso y el esfuerzo que realizaba día con día Edgar Millán Gómez para construir un mejor país, impulsa a todos los integrantes de la institución a seguir adelante en la lucha contra el crimen y todos aquellos que atentan contra la tranquilidad y la paz de los mexicanos.Descanse en paz, con el honor del deber cumplido, Edgar Millán Gómez.






