Chuck Noland (autor)

Noland ¿Alguna vez has sido medido por propios y extraños con base en tus “logros” profesionales y económicos? ¿Tu familia ha presumido de lo que has conseguido, algún premio, un bono por productividad, una promoción, un aumento salarial, el auto nuevo, un departamento?

Por desgracia, muchos toman esas medidas para darte la categoría de “alguien”. Si tienes, eres. Pero determinar quiénes somos va más allá de lo que pudiera llamarse destino, suerte, fortuna. Eso es solo una fachada que, en cualquier momento, pudiera dañarse o, incluso, derrumbarse.

La personalidad, el carácter, la esencia de una persona están en un complejo tejido de experiencias en las que no reparamos porque son insignificantes o porque son acontecimientos que damos por hecho.

Así que mis logros y posesiones están acumulados en dos palabras: Chuck Noland, mi nombre. Soy un sobreviviente permanente de los naufragios que la vida, con su polémica generosidad, me ha ofrecido. Todos los días, al levantarme, tomo mi taza de café, le dio un sorbo, suspiro y me paro frente a una intersección. Elijo el rumbo de acuerdo a lo que el corazón me dicte. La sorpresa hará el resto.

Si te sirve de algo, estudié una carrera que no ejerzo, dicen que practico la filosofía del cinismo (aquella que me libere de imprevistos y me endurezca para permanecer impasible ante “adversarios existenciales“). Soy irreverente a veces. No creo en el respeto como una obligación, sino como un derecho que se gana. Mi mundo interior está lleno de profundos silencios que, de vez en cuando, se rompen con una sonora carcajada que me recuerda las bondades de la infancia.

El maestro Kapuscinski dijo: “El sentido de la vida es cruzar fronteras”, aunque suele pasar que las fronteras te atraviesan a ti, sea en forma de Dios, de luz, de oscuridad o hasta de una palabra.

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