No matarás (continuación)

Depresión-04 Nos hospedamos en el hotel Río Grande. Ese primer día no pasó nada extraordinario. Fuimos de compras. La noche del día siguiente cenamos en el hotel porque no tenía ganas de salir.

Durante la cena, Humberto se mostró comprensivo, amable. Dijo que no debía preocuparme más, que quería que desechara todo rastro de tristeza en mí porque las cosas cambiarían para bien y recuperaría a mi madre y a mi hermano.

Nos fuimos a la habitación. Ordenó que le enviaran una botella de whisky, un Chivas. Me ofreció, pero rechacé su oferta. Lo vi beber a la par que lo escuchaba con sus pláticas de siempre: sus grandes logros, sus importantes puestos en diferentes empresas, su historia como miembro de la marina estadounidense… por supuesto, eran puras mentiras. Humberto era un hombre enfermo, un mitómano, entre otras cosas.

“Hay algo más en lo que tenemos que ponernos de acuerdo para que yo pueda intervenir en la reconciliación con tu hermano”, me dijo visiblemente tomado. Hice un movimiento con la cabeza en señal de que lo estaba escuchando. “Tienes que ser buena conmigo”.

Una alerta me invadió todo el cuerpo. Estaba presintiendo algo malo, muy malo. No me equivoqué. De pronto, lo tenía encima, tratando de besarme en los labios y de tocarme. Percibí una erección. Me había congelado y nada en mí respondía a los gritos de mi mente pidiéndome que me moviera de ahí, que saliera lo más pronto posible de ahí.

Se desnudó. Su prominente estómago alcanzaba a tapar la miseria por lo que se sentía hombre. Forcejeamos y eso parecía excitarlo cada vez más. Lo vi eyacular y una parte cayó sobre mí. Pude golpearlo y salí corriendo.

Nunca le dije a mi madre ni a mi hermano lo que había ocurrido. Decidí guardarlo para mí con tal de no herirlos con semejante confesión. Desde entonces, el rencor hacia él fue creciendo sin medida hasta que mi único deseo era matarlo, pero de alguna forma en la que sufriera un poquito de lo que yo había padecido.

He pensando en tantas maneras…. sólo han sido pensamientos, sueños porque… ¿cómo puedes matar a tu agresor, cuando éste es tu propio padre?

LA VIOLACIÓN EN NÚMEROS

De acuerdo a la Organización Nacional Contra la Violación, el Abuso y el Incesto (RAINN), cada dos minutos, una persona es agredida sexualmente. Hay al menos 17.7 millones de mujeres víctimas de violación.

Uno de los aspectos más alarmantes en relación con los delitos sexuales es la gran cantidad que no son denunciados. El motivo más frecuentes que dan las víctimas para no denunciar es la creencia de que se trata de un tema privado.

El 66 por ciento de las víctimas, conoce a su agresor y el 48 por ciento son violadas por amigos o familiares.

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